En nuestro Instituto, el arte no es solo una materia más, es parte del día a día. Acompaña a nuestros niños y jóvenes en cada etapa, dándoles herramientas para expresarse, para entender mejor lo que sienten y para conectar con el mundo que los rodea.
Desde preescolar, el arte y la música están ahí, casi como un juego. Nuestros pequeños cantan, dibujan, exploran colores y sonidos, y sin darse cuenta, empiezan a desarrollar habilidades que les servirán toda la vida: creatividad, atención, paciencia y hasta la capacidad de escuchar y observar con más detalle.
En primaria, el arte sigue acompañándolos con más herramientas. Tienen música, artes y el taller de lenguaje, donde leer y escribir se convierten en algo más que solo aprender letras. Es la oportunidad de imaginar, de contar historias, de ver el mundo con otros ojos.


Cuando crecen, el arte y la literatura toman otro significado. Ya no solo se trata de hacer o leer, sino de interpretar, de reflexionar, de cuestionar. Aprenden que una canción, un cuadro o un libro pueden contar historias profundas, pueden hacernos sentir cosas que a veces no podemos explicar con palabras.


Y conforme siguen avanzando, el arte se vuelve una herramienta para la vida. No solo nos permite crear, sino también pensar de manera diferente, expresarnos sin miedo, entender el mundo con más empatía y menos prisa.
Pero el arte no debería quedarse solo en la escuela. Como papás, también podemos hacer que forme parte del día a día de nuestros niños y jóvenes. Llevarlos a un museo sin que sea una tarea, poner música distinta en casa, sentarnos a leer juntos, dejarlos experimentar con la creatividad sin preocuparnos tanto por el resultado. Porque el arte no solo enseña, también acompaña, sana, une.
Hagamos del arte un hábito, no una excepción. Porque cuando crecemos rodeados de arte, crecemos con más sensibilidad, más imaginación y más herramientas para enfrentar el mundo. Y eso, sin duda, nos hace mejores personas.