De esos días que suman

Esta semana tuvimos un poco vacía la escuela, nuestros niños de 4°, 5° y 6° de primaria salieron de campamento. Los de 6° se fueron a La Alpina, en Puebla, y los de 4° y 5° a Valle de Bravo.

Fueron acompañados por KinCamp, quienes organizaron distintas y muy divertidas actividades. Hubo de todo un poco, actividades con agua, noche disco, manualidades, juegos de integración, guerra de agua, rappel, retos en equipo como crear la fila más larga, equilibrar pelotas gigantes, responder preguntas de cultura general, fogata… en fin, días muy movidos y divertidos.

Pero más allá de lo divertido, estos campamentos tienen muchísimo valor. Aunque el objetivo es recreativo, en realidad pasa mucho más de lo que se ve a simple vista. Es un espacio donde las generaciones se integran de otra forma, donde conviven más tiempo, donde se conocen de otra manera y donde empiezan a construir relaciones de manera distinta.

También es un momento importante para ellos porque, sin darse tanta cuenta, empiezan a dar pasos hacia su independencia. Están fuera de casa, siguen rutinas diferentes, se organizan, toman pequeñas decisiones y resuelven cosas por sí mismos. Cosas sencillas, sí, pero que para ellos significan mucho.

Y en medio de todo eso, también hay retos. Hay momentos donde algo no sale, donde hay que volver a intentar, donde toca ponerse de acuerdo o ceder. Y justo ahí es donde se construyen habilidades que van mucho más allá de una actividad, como la paciencia, la tolerancia, la comunicación, el trabajo en equipo.

Nos gusta mucho verlos en estos espacios porque se van soltando. Se animan, prueban cosas nuevas, enfrentan miedos, se ríen, se cansan… y regresan diferentes. Tal vez no de una forma evidente, pero sí un poquito más seguros, más independientes y más conscientes de sí mismos y de los demás.

Sigamos dándoles estos espacios a nuestros niños, porque ahí también crecen… y mucho.