En Piaget estamos convencidos de que los aprendizajes más valiosos no siempre ocurren en el salón de clases, muchas veces surgen en los momentos más cotidianos y espontáneos. Eso fue justo lo que vivieron nuestras niñas de 6º de primaria durante el recreo.
Mientras jugaban en el jardín, algunas niñas encontraron una oruga. De inmediato la curiosidad y la emoción se mezclaron con un poco de miedo, pues pensaban que podía ser un animal peligroso. Tomaron un palito para observarla y, buscando resolver sus dudas, fueron en busca de la miss Helga de Laboratorio. Al no encontrarla en ese momento, acudió Omar, nuestro conserje, quien con toda paciencia les explicó que no había nada de qué preocuparse, ya que se trataba simplemente de una oruga inofensiva.


Ese instante sencillo se transformó en una experiencia de aprendizaje. Las niñas hicieron preguntas, compartieron ideas y descubrieron algo nuevo, desarrollando actitudes propias del perfil IB: indagadoras, informadas, reflexivas y, sobre todo, abiertas a aprender de cada situación y de todas las personas que las rodean.
Este tipo de momentos nos recuerdan que el aprendizaje está presente en todas partes y que cada situación es una oportunidad para crecer, observar y comprender mejor el mundo que nos rodea. En Piaget celebramos cada una de estas experiencias, porque sabemos que son las que hacen que nuestros alumnos crezcan no solo en conocimiento, sino también en sensibilidad y aprecio por el mundo que los rodea.
¡El asombro es el inicio de todo conocimiento!