En estos días pasó algo genial en nuestra secundaria. Por primera vez invitamos a los papás a volver al salón… pero ahora como alumnos. Sí, literal a sentarse, escuchar, participar y vivir una clase como lo hacen sus hijos todos los días.
La idea era justo esa, que pudieran experimentar de primera mano cómo se viven las clases dentro del colegio. Para eso se prepararon tres sesiones especiales, Coding, Francés y Wellness. Y no fue una versión “para papás”, se usó exactamente la misma planeación que trabajan nuestros alumnos, así que pudieron enfrentarse a las actividades, dinámicas y retos tal cual se viven en el aula.
Al principio varios confesaron que estaban un poco nerviosos. Volver al rol de estudiante después de tantos años no es tan fácil como parece. Pero poco a poco el ambiente se fue relajando, empezaron a participar, a preguntar, a trabajar en equipo y a meterse de lleno en la experiencia.
Las clases estuvieron guiadas por nuestros maestros, quienes hicieron lo que mejor saben hacer, crear espacios donde aprender también se disfruta. Y la verdad fue muy bonito ver a los papás involucrarse, reírse, intentar resolver los ejercicios y vivir por un momento lo que sus hijos experimentan todos los días.
Al final muchos nos dijeron algo que nos encantó escuchar. Después de esta experiencia entienden mucho mejor cuando sus hijos les cuentan cómo son sus clases. Pudieron ver la metodología, los retos que enfrentan y las habilidades que se van desarrollando en cada materia.
Este tipo de momentos nos recuerdan algo muy importante. La educación no pasa solo dentro del salón, también se construye cuando escuela y familia caminan juntos. Y abrir estos espacios nos ayuda justamente a eso, a entendernos mejor y acompañar más de cerca el proceso de nuestros niños.
Ojalá esta experiencia se repita, porque ver a los papás volver a ser alumnos por un rato fue algo que, sin duda, valió muchísimo la pena.



