Con Compás

Esta semana te compartimos algo que nos encanta. Traemos un Orgullo Piaget que nos hace sentir más que felices. Nuestra querida alumna Regina Anaya Gutiérrez, de prefirst, empezó en el flamenco cuando tenía apenas 4 años. Y lo curioso es que no fue algo súper planeado, en realidad entró casi por casualidad, mientras esperaba que empezara otra clase. De esas coincidencias que parecen pequeñas y terminan cambiando todo.

Lo que empezó como una actividad más se fue convirtiendo en algo importante en su vida. Con el tiempo, el flamenco dejó de ser solo una clase y se volvió su forma de expresarse, de sentir la música, de conectarse con lo que baila y de transmitirlo con energía.

Lo bonito es que no ha sido algo pasajero. Ha sido constancia, ensayo tras ensayo, presentación tras presentación. Es disciplina, sí, pero también muchísimo disfrute, porque cuando algo realmente te gusta, se nota… y a Regi se le ve por todos lados.

Y verla bailar es entender que el flamenco no es solo pasos y técnica, lleva carácter y muchísima personalidad. Cuando ves bailar a Regi la observas segura, entregada y feliz arriba del escenario.

Nos encanta cuando nuestros niños encuentran eso que los mueve y los emociona. Porque más allá del talento, lo que más vale es esa pasión que se construye con tiempo y dedicación, y Regi lo tiene clarísimo.