Antes de salir de vacaciones, en preescolar hicimos algo que a los niños les encantó. Durante la posada, cada uno escribió o dibujó su carta a Santa Claus en listones de colores. Ahí pusieron lo que querían, lo que imaginaban y todo lo que traían en la cabeza en esos días en los que la emoción de esta época se siente en todo.
Después de romper las piñatas, juntamos todos los listones y los amarramos a un globo. Entre niños y misses lo soltamos para que llevara las cartas con Santa Claus. Mientras el globo subía, no faltaron las preguntas: si sí iba a llegar, si Santa lo iba a ver y cuánto tardaría en llegar hasta donde él está. El globo se fue haciendo cada vez más chiquito hasta que desapareció, pero la emoción se quedó.


Momentos así nos recuerdan cómo viven los niños estas fechas. Para ellos todo es real, todo importa y todo se siente al máximo. No están pensando en si es posible o no, simplemente creen, esperan y disfrutan el momento.
Y justo por eso cuidamos este tipo de experiencias. Porque no se trata solo de una actividad más, sino de regalarles recuerdos bonitos, de esos que se quedan guardados y que hacen que la etapa de preescolar se viva con ilusión, confianza y muchas ganas de seguir imaginando.

