La semana pasada en nuestro preescolar tuvimos un plan diferente, invitamos a nuestros abuelitos a pasar una mañana con sus nietos. La idea era simple, el plan era crear un espacio donde pudieran compartir tiempo, contar historias y pasarla bien juntos.
Todos llegaron en pijama, se sentaron con sus nietos a escuchar cuentos y luego bailaron, rieron y compartieron un momento de chocolate caliente y churros. Pero más allá de la diversión, lo que se vive en estas mañanas es mucho más importante.
Para nuestros niños estos momentos son una oportunidad para acercarse a sus abuelitos, aprender de ellos y sentirse acompañados por quienes los conocen desde siempre. Para los abuelitos, es un espacio para participar, reconectarse y disfrutar de sus nietos de manera distinta, sin prisas ni obligaciones.
Lo más bonito de estos encuentros es la cercanía que se genera. No son solo cuentos o juegos, son recuerdos que quedarán en el corazón de todos. Un abrazo, una risa compartida, un momento de complicidad, eso es lo que hace que valga la pena.
Actividades como esta nos recuerdan que la escuela no solo es un lugar para aprender, también es un espacio para fortalecer relaciones y celebrar la familia. Ver a los abuelitos disfrutando con sus nietos y sentirse parte de su día nos deja claro que estos momentos son pequeños, pero enormes al mismo tiempo.





